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Por Otho Rosa: Presidente de la Asociación de Inspectores de Juegos de Azar

      Eugenia (Geña) Nieves es una antigua compañera de trabajo (Juegos de Azar) de quien guardo buenos recuerdos. Hacía tiempo que no sabía de ella, pero como recientemente he decidido disfrutar de los privilegios de la alta tecnología, la he encontrado en facebook, a través del cual también recibo de ella comentarios, videos y fotos, siempre pertinentes, curiosos o inteligentes. Me envió la foto que precede estas líneas. Esta foto es una memoria. Es un documento que resucita recuerdos. “Somos la memoria que poseemos”, decía un amigo. “Sin memoria no sabríamos quiénes somos”. Escribo estas líneas en el ánimo de compartir los recuerdos que esta foto levantó en mí; las virtudes de ese grupo que hicieron decir a mi amiga: ¡Este grupo era precioso! Que sean estas líneas un homenaje a la amistad y al compañerismo que surgió de realizar las mismas tareas para ganarnos el sustento diario.

       El año 1985 fue un año de cambios. El Partido Independentista Puertorriqueño regresó a la legislatura después de años sin representación legislativa y el Partido Popular Democrático volvió a tener un gobernador en la fortaleza y a controlar ambos cuerpos legislativos. Para ese tiempo el Departamento de Juegos de Azar de la Compañía de Turismo – que en ocasiones se llamó Sala de Juegos de Azar y en otras, División de Juegos de la Compañía- contaba con poco más de 40 inspectores y un puñado de 5 ó 6 empleados de oficina. Tenía además cuatro (4) supervisores de inspectores y un investigador. El investigador (QEPD) se llamaba Jorge Torres Ledesma. Tenía un pasatiempo: se carteaba con todos los artistas vaqueros de las primeras décadas del cine norteamericano; Roy Rogers, Johnny Mac Brown, Dale Evans, Tim Mc Coy, Bob Steel y otros. Se conocía todas las películas de estos y hasta podía recitar de memoria los créditos escritos al final de cada una de las mismas, incluyendo el nombre del electricista. Era además un investigador serio. Una combinación de Sherlok Holmes y Baretta. Esto es; atendía los detalles  de los incidentes de la escena y también el perfil psicológico de los implicados. Para ese tiempo, todo candidato a inspector tenía que pasar por un proceso de investigación, antes de ser nombrado y confirmado como tal, que estaba bajo la tutela y  ejecución de Rafael Torres Ledesma.

      Los supervisores  eran pocos, pero  extraordinarios. Eran “súper”-“visores”; veían más, sabían más y eran más celosos de la Ley y el Reglamento que los propios inspectores. Joe Rodríguez, Héctor González, Rafael Fernández  y Miguel Martínez eran nuestros supervisores. De Miguel Martínez, quien era además de inspector, comerciante, dueño de una tienda de ropa en Guaynabo, recuerdo, además de su formalidad, que tenía un trato muy particular con el inspector Eduardo Vadell, a quien quería como a un hijo. Rafael Fernández era un señor de ojos verdes; en lugar de cerrarlos cuando reía los abría más,  siempre con un chiste a la mano  (casi siempre de índole política) Héctor González era la formalidad, la puntualidad y la prudencia personificada. Su cabello se puso blanco prematuramente y los inspectores se referían a él como “Cabellera Blanca”.  Joe Rodríguez era una persona de constitución atlética aunque era fumador, lo más parecido al Clark Kent de las revistas de tirillas. Geña Nieves le decía “Tecesito”. Joe trabajaba en Puerto Rico, pero su familia residía en el estado de la Florida. Por tal razón estaba siempre detrás del “over time gerencial” -conocido como tiempo compensatorio, “T.C.”- para poder visitar con mayor frecuencia a su familia en la Florida. Ya había acumulado años suficientes y el cambio de gobierno (que por eso aludí al hecho en el segundo párrafo) lo ayudó en su decisión de acogerse a la jubilación. Fue el respeto que se ganó Joe durante sus años de servicio – su honradez, su verticalidad- lo que convocó a una multitud de empleados de casino y de turismo a ofrecerle una despedida sin igual en el hotel Sheraton del Condado. (Este hotel luego fue Dupont Plaza y actualmente ubica al Marriott). Durante aquella inolvidable actividad se tomaron fotografías de toda índole. Alguien dijo en algún momento: ¡Departamento de Juegos de Azar!, ¡Al frente para una foto! Y ahí está la foto que hoy envía Geña, a través del facebook, 24 años después.

      En la foto no están todos lo que son ni son todos los que están. No aparece George Sprague, un norteamericano que trabajó como inspector cuya imagen de candidez escondía una sagacidad cercana a la Jaibería y amabilidad boricua. Tampoco está aquel terror de los zapatos sin brillar y máquinas con polvo que era Francisco Espendez (QEPD), ni Daniel Ruiz; todo caballerosidad y cortesía. No está en la foto el querido Russell Torres (QEPD), aunque estaba en la actividad, pero no pasó al frente, pues estaba en una de aquellas elucubraciones filosóficas que asumía cuando observaba el velero de Cutty Sark y no registró el llamado. Entre Eduardo Vadell y Villalobos se encuentra un inspector que no logro identificar, pero que parece ser Guillermo Cabret, (aunque no fue inspector) por esa indiscutible disposición a robar cámara que ostenta en la foto. (Yo estuve 9 años fuera del Departamento, ocho de ellos trabajando en la legislatura y me invitaron a esta actividad mientras trabajaba en el senado, de modo que no puedo identificarlo, al igual que Geña. Tampoco puedo identificar a la joven que se encuentra entre Jenny Rubio, quien poseía una elegante fragilidad o una frágil elegancia y Joe Rodríguez. La del otro extremo es la guapísima Wanda) Ausente está también Eduardo Felices Pietrantoni (QEPD) quien llegaba al trabajo en un pequeño y viejo Renault al que había que darle cuerda para encenderlo y lo dejaba a pie dondequiera y eso en nada disminuyó jamás su buen humor y su temperamento afable y bondadoso. Tampoco está el nunca olvidado Eduardo Garólfalo, nuestro campeón puertorriqueño de Bolos, quien perdería la vida meses después en el fuego del Dupont rindiendo labores como inspector. Tampoco estuvieron presentes Nelson Latoni , quien creo que vive en Nueva york, José Carrasquillo, cuyo estatus con la Compañía de Turismo es un misterio, Nelson Torres, quien para entonces llevaba siempre un clavel en el ojal y Mario Rodríguez Carrasquillo, quien fue un ejemplo de trabajador dedicado y de asociado solidario para todos. Se extraña la ausencia de aquella inteligencia viperina conocida como Alfonso Bonini, y la bondad de Rafa Rodríguez.

      De los que sí están en la foto el primero a la izquierda es Guillermo Irizarry (QEPD); inteligente y capaz. Luego fue supervisor. Hasta hace poco leía correspondencias provenientes de la oficina que me parecían refritos de las cartas que Guillo, excelente redactor, hacía. Su posición de gerencial lo distanció de la camaradería que siempre tuvo mientras fue inspector. Alguien me comentó que murió como nunca vivió; – Dios quiera no haya sido cierto- sin la compañía de sus queridos cercanos. Luego está Félix Santiago (Chaguito). Su brazo sobre Guillo le retrata como era: amigo, bohemio, acompañante perpetuo de una guitarra con la que nos recordaba, queriéndolo o sin querer, el estilo y la voz de Gilberto Monroig. Eduardo Vadell tiene un trago en la mano. No era algo común, pues, El Gallo, como se le ha llamado siempre, ha sido un cuidadoso de su salud y de su imagen. Ex militar, profesor de West Point, bueno al puño, Papá gallina, ex gerente de casinos, buen inspector y compañero leal que sabe cuando decirte las verdades que alegran y las que duelen. Le sigue Rafael Villalobos: imagen entre Edward G. Robinson y Bella Lugossi, tan blanco como un papel de fotocopia resaltado por el negro del Clairol. Si no me equivoco el rostro más próximo a Villalobos es el de Tony Reyes. Está observando a quien pienso que es Cabret, lo que podría delatar algún prejuicio mío, porque pienso que Tony siempre lo estuvo velando (sin que esto implique desconfianza de parte de Tony). Luego le sigue el siempre recordado René Rodríguez (QEPD); no le hacía un “overtime”, decía él, ni a la “madre que me parió”. Adelantado, pienso ahora, cuando tenemos claro que un “overtime” no es un privilegio, sino una penalidad que se le aplica a la Compañía por obligar trabajar demás al inspector. Sus espejuelos son los mismos de siempre. Pero el bigote, creo, duró hasta ese año. Le sigue Rafa García con una hermosa sonrisa, pero no era una sonrisa pública, pues Rafa era un inspector G.I., seriote. La sonrisa era para sus amigos. Lo que sí era público y reconocido era su vestir elegante y pulcro. Con sus trajes blancos y otros de tonalidades claras nos mostraba la importante y elegante eficacia de una corbata. Luego Jorge Salas; no estuvo mucho tiempo con nosotros, pues se hizo contador público autorizado (CPA) y se nos fue. Francisco Kortright se ha ubicado en el mismo medio de la foto. Hubiera llamado igual la atención desde cualquier lugar con su porte de hacendado chileno, pero lo cierto es que se sabe ubicar. Fue Sub director de Juegos de Azar y todavía es compañero en la industria. La carita pequeña entre Kortright y Absalón Quiñones es la de Pedro Cabán. Fue policía y fue parte importante de la escolta del gobernador Don Luis Muñoz Marín (esto lo decía él con orgullo), fue gerente de varios casinos y fue un magnífico inspector: atento a todos los movimientos de la operación; no permitía el más mínimo desliz fuera  del Reglamento. Buen compañero. No obstante su prestigio como conocedor de todos los aspectos de la industria, siempre estuvo presente y activo en las gestiones de la Asociación orientando y cooperando. Le sigue Absalón Quiñones: el cuello de la camisa alto y sostenido con alfiler, la corbata de seda fina, nunca repetida, el traje de tela costosa, pulcro, orgulloso para quien no le conoce, pero con una humildad inteligente y responsable. Ahí está haciéndose notar entre ese trío de blancos. Su amistad llega hasta las últimas consecuencias: aún después de jubilado llama a los compañeros para decirles qué compañero ha muerto y dónde será el velorio. Le sigue Ramón Net: a mí su apellido me parece catalán aunque habrá quien piense que es inglés porque la traducción de esa palabra desde el inglés es nido y uno de sus pasatiempos es criar canarios cantores. Un inspector todo rectitud y decoro. Le sigue Rafa Matos: si no fuera por su estatura no hubiera salido en la foto. Sus habilidades de empresario nos lo llevaron pronto de Juegos de Azar, pero el tiempo que estuvo con nosotros sirvió para mostrarnos un compañero a carta cabal, responsable e inteligente. Y llegamos a Héctor Rivera, mejor conocido como Pikú, porque aunque vive retirado en Maunabo, era de Coamo. Ahí en la foto parece observar a Báez de reojo. Eran compinches. Realizaron, creo que algunas, travesuras juntos. Como muchos de los que se encuentran en la foto, fue policía. Pasan los años y no lo ves. Entonces, cuando lo ves puedes seguir la misma conversación que dejaste años atrás. Así es la amistad de Pikú. Héctor González, cabellera blanca. Ya casi se jubila aquí. Se sabe porque hubo un período de tiempo en que su bigote, aún con la cabellera blanca, era negro. Era del grupo de Caguas. Ojalá esté bien quien tanto bien repartió. La carita que apenas se ve, con bigote –debe estar en la punta de los pies, alzándose- es nada más y nada menos que Pedro Sánchez, conocido también como Pedro El Malo, pero no es malo ná. Lleva 34 años luchando por mejores condiciones de trabajo para los inspectores, ya sea desde la Presidencia, desde la Vice presidencia o como delegado. Pensar que ese que casi no se ve ha sido la persona más presente y activa en toda la vida del Departamento de Juegos de Azar y de nuestra Asociación de Inspectores. Casi irreconocible – debido a la abundancia de pelo- le sigue Otho Rosa; está entre Pedro y Ramón González  como si esa área estuviera reservada a los presidentes pasados y futuros de la Asociación. Ramón González fue el primer presidente de la AIJA. Así como lo vemos ahí, más pequeño que Otho y que Pucho, la valentía era grande, y la generosidad, también. Lideró el  grupo y le formó la Unión a su propio Partido. Y exigió respeto para todos y también obsequió respeto. También fue policía, experto en huellas digitales… y en bondad. Las gafas sobre gonzalito pertenecen a Carlos Emanuelli. Nadie se imaginaba que aquel soltero empedernido, fiel creyente de los caballos y escéptico del celibato, se acogería a la vida de familia y tendría éxito. Carlos fue también un inspector de primera, conocedor de todos los juegos y del funcionamiento y atractivo de cada una de las tragamonedas. Rindió servicios a la Asociación de Inspectores con responsabilidad y entusiasmo. Geña dice en un comentario a pie de foto que Eligio Ruiz no tenía para ese tiempo 21 años, que era el más joven. Para mí sigue siéndolo. No lo decimos por la madurez, que aunque tardó,  llegó. Es que a Pucho le queda mal el ser cascarrabias o pelear o tener mal humor. Si hay personas que nacen para llevar alegría y paz y contentamiento a otros, apúntenlo en la lista. El morenito con el vaso en la mano es Concepción Acosta Aristud. También fue policía y estudió Derecho en la Universidad de P.R., pero decidió seguir de inspector (como han hecho Sevilla, quien para esta época aún no era inspector, o Juan Abrams o Vilanova) Inteligente y ocurrente. Todavía hoy se cuentan anécdotas de él en los casinos. El último en el extremo derecho es Edgardo Báez. Negándose a usar corbata, como siempre,  con mirada de sospecha o de picardía. Casi negándose a estar en la foto. Para esa época su debilidad eran las mujeres mayores. Cambió, pero ahora hay más libras y menos cabello. 

      Como ven el salón no tenía un techo alto, pero era espacioso. Todavía no abundaban las cámaras de seguridad ni los techos de espejos. La alfombra era nueva, de colores rojos, anaranjados, oros y azules brillantes que llenaban de alegría la reunión aunque no se aprecie en la foto en blanco y negro. La foto en blanco y negro me recuerda ahora que aquella fiesta, además de homenaje y celebración, era también una despedida al amigo que se encuentra sentado al frente. Flanqueado por esos cuatro extraordinarios cruces de piernas Joe sonríe, pero ladea un poco la cabeza como evitando un pensamiento triste que quiere surgir en el momento inapropiado. ¿O era su humildad? ¿O es nuestra nostalgia la que nos hace ver tristezas y alegrías y virtudes?  Somos la memoria que poseemos. Sin memoria no nos reconoceríamos a nosotros mismos.

Nota:

He escrito esto a unas semanas previas de las elecciones de la Asociación de Inspectores. Los inspectores Iván Santiago, Gary Massanet, Rosana Marcucci y Francisco Del Río estarán retando respectivamente a Rafael Rivera, actual Vicepresidente, Leomary Ojeda; actual Secretaria, Vilma Batista; actual tesorera, Pedro Sánchez; actual delegado del grupo 1 y Joseph Ocasio; actual delegado del grupo 3. Pienso que de todos podría escribir comentarios positivos. A todos, a los diez, los felicito por mostrar el interés de servir a sus compañeros. Varios de los que se encuentran en la foto de arriba jamás votaron por mí en una elección y pudieron haberlo hecho. Agradezco que fueran sinceros y me lo dijeran antes de votar, aunque no tenían que hacerlo. Ese era su derecho y la amistad nunca estuvo en juego. Ese era el espíritu de aquella época. Yo espero que la solidaridad y la unidad del grupo se mantenga igual en estos momentos; luego de varios meses de pasada la fecha de la negociación colectiva, en una situación turbulenta para los trabajadores en nuestro país debido a la crisis económica y fiscal y cuando recién comenzamos a conocer los nuevos directores de la Compañía de Turismo. Con toda honestidad les digo que cada cual vote como le dicte su conciencia, no por amiguismos, sino por aquel que ustedes entiendan que puede realizar una mejor representación por sus compañeros. Por aquellos que ustedes crean que no se va “rajar” cuando las situaciones no sean fáciles y aquellos que anteponen los intereses del colectivo a sus intereses particulares. Yo, por mi parte, -ahora que con toda seguridad, estos serán mis últimos años como Presidente- les adelanto que estaré votando por aquellos compañeros de la Directiva actual, quienes han estado junto a este servidor y en representación de todos los inspectores en las buenas y en las malas. Es decir, estaré votando por Rafa Rivera, por Leomary Ojeda, por Vilma Batista, Por Pedro Sánchez y por Joseph Ocasio, quienes han cumplido hasta la saciedad con lo que esperé de ellos y con lo que todos los inspectores esperaron de ellos. Le han servido a la Asociación con dedicación y honestidad. No digo nada negativo de los compañeros que están retando. Les adelanto, sin embargo, que en este período de crisis la Directiva se va a ampliar con la creación de diversos comités de trabajo donde esperamos integrar a todos aquellos que quieran formar parte de nuestro equipo de trabajo, pero el momento presente no es tiempo de cambios. Es el momento de dar una ejemplar demostración de unidad y cohesión de grupo. A todos aquellos que me  han manifestado su respaldo, les solicito un endoso para esta directiva que les he sugerido.  Visiten: http://eleccionesaija2009.wordpress.com

Un abrazo a todos,

Otho Rosa – Presidente de A.I.J.A.